sábado, 25 de octubre de 2008

Cuando nos miramos al espejo ¿Lo hacemos para ver como nos ven los demás? ¿O para ver si el espejo nos devuelve la imagen que tenemos de nosotros mismos?
A veces lo que más odiamos de los demás, es un reflejo de lo que más odiamos de nosotros. Los espejos pueden ser traicioneros. Uno puede perderse en un espejo, como Narciso, que de tan enamorado de sí mismo, de tanto mirarse en el reflejo de un lago, se ahogó. Hay espejos en los que queremos reflejarnos. Hay espejos en los que uno ve lo que quiere ver. Hay espejos en los que no queremos mirarnos. Hay espejos en los que uno no se reconoce. El espejo a veces nos muestra JUSTO lo que no queremos ver ¿No que no?
Si no te gusta lo que ves en el espejo no ganas nada rompiendolo, uno elige que ver en el espejo. Puede ver ese rasgo que detesta o puede ver que tiene una sonrisa hermosa. ¿Quién no vió alguna vez en el espejo una imagen de si mismo que no le gustó? No hay que luchar contra el espejo, es una pelea perdida de antemano, sin sentido. Si no te gusta lo que ves en el espejo reíte, te vas a empezar a gustar un poco más.
El espejo no miente, el espejo nos muestra las cosas tal cual son, nos muestra lo que tenemos. Y también, nos muestra lo que nos falta.

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